De paso

Tenía alrededor de 15 años cuando fumé mi primer cigarrillo, me sentía una rebelde de la adolescencia. A los 16, recuerdo estar tomando un capuchino con mi mejor amiga en el sector de los fumadores de una cafetería, queríamos beber y disfrutar con el cilindro de tabaco del momento; me sentía como una rebelde con personalidad y casi adulta…

Hoy casi diez años después de eso, dudo cada vez que voy a fumar, comienzo replantearme cuanto dinero disponible tengo, el precio del atado, si lo voy a consumir rápido o no, y sobre todo, pienso en que en unos meses voy a tener 25 y me voy a quedar sin obra social. Por ende, si me enfermo tengo que hacerlo ahora que puedo acceder a un sistema de salud privado y que relativamente es mejor que el público, que los medicamentos son más económicos o gratis en caso de que su coste sea totalmente cubiertos por la pre-paga. Entonce, lo que más me pregunto es sobre si me conviene en enfermarme por tabaquica ahora que estoy a un paso de la “expulsión” de la humanidad (si,sonó exagerada la frase). Pues bien, gracias a eso deje de fumar —mucho— y comencé un camino lento y paulatino a la salud plena.

A lo que voy es que, no miro con nostalgia y añoranza los años pasados, si no, que a pesar de haber pasado casi diez años de que empece a dar mi primeros pasos como individuo de derecho, aún sigo tan invisibilizada como aquel entonces, que nadie de los que estaban al rededor nuestro se percato que dos menores de edad estaban fumando. Señores eso es un delito, esta prohibido por la ley. También, así, es un  delito (no ilegal) que a mitad de mis 20  y a punto de recibirme, me sea totalmente dificultosos el conseguir un trabajo y lograr por fin la independencia que tanto nos inculcan, nos hacen soñar y desear toda nuestra vida.

Se que es normal que a esta edad, aspirar a una estabilidad económica es más una ilusión que una realidad. Pero ¿esta mal reclamar por un buen trabajo cuando se es joven? Nos comparan con los boomers que para esta etapa, algunos ya habían formado empresas, trayectorias, y tenían la suficiente para pagar la hipoteca, comprarse el 0KM y mantener a una familia de cinco (si, otra vez, sonó exagerado). Bien, hoy no es así. Hoy, compito con los boomers, los X’s y mis congéneres millennials y pronto con los los Z’s. Por eso, voy preparando y enseñando a mis sueños y expectativas a que no se desilusionen si no llegan a ser cumplidas. Les digo también, que en mi corazón siempre tendrán un lugar y que hará todo lo posible para que sean realidad, pero que todo llega llega a su justo momento. Muchas veces siento que autocompasión es destructiva.

Me metí en una moratoria social, en la que pase siete años estudiando y perfeccionandome lo que más pude. La verdad que no se qué fue lo que hice en todo este tiempo, siento que lo he  desperdiciado más que invertido. Pensé, muy mal, que la Universidad o la facultad me mostraría un mundo posible o quizás un trabajo posible, pero bueno, elegí con sentimiento lo que estaba estudiado, elegí con rebeldía.

¿Me arrepiento de mi futura profesión? Puede ser. Quizás. No sé. Qué se yo. Pensando en frío, no era lo que de niña había soñado, pero bueno, elegí. Al menos sé escribir y leer, “bien”. Aunque soy disléxica y tengo déficit de atención… pero me las apaño.

Si tuviera la oportunidad de encontrarme con aquella adolescente que soñaba con ser adulta y que por eso intentaba imitar ser una, que fumaba y bebía un capuchino rodeada de otros adultos; le diría que se aferre a lo más puro de su ser, esencia y personalidad, que cuide su espíritu y alma, que cuide su temperamento, y sobre todo , que siempre no tema en amar. Pero bueno, nunca la voy a tenerla, por lo que considero que es parte del aprendizaje de la vida y que todo es una anécdota de las tantas que me constituyen, hacen que vea que a pesar que soy una doña nadie, al menos tenga algo que contar a quien pregunte.

Una vez me cuestionaba como es que te das cuenta que sos adulta. Bueno hoy, no tengo la repuesta. Pero a los 25 años cuando te quedas sin obra social, te estas por recibir, ya sos más un peso que una responsabilidad para tu familia, cuando empezás a valorar más los campos V.I.P que los campos de a pie porque no resistís los pogos, entre otras tantas cosas como son el cargo de conciencia, etcétera. Ahí es cuando sospechas ser adulta, ya que tu vida depende solo e íntegramente de vos. Es una pena que entre tantas tecnologías de la información no se haya inventando una aplicación que te de una alarma de que sos “grande”.

En fin, pase casi un cuarto de mi vida queriendo ser libre, porque a la adultez te la venden y te hacen creer que eso es ser mayor. Me encuentro en una etapa en donde las crisis de identidad y de existencia son constates, lo económico no ayuda y lo social menos. Me enseñaron que todo es un todo global, me dijeron que tengo que ser tolerante pero resulta que a la tolerancia no la conozco. No quiero volver a ninguno de mis años pasados, solo quiero recuperar la esperanza que alguna vez tuve.

De donde ella es

Se había olvidado de los cómodas que eran las sillas de aquel patio de comidas, donde una vez ella comenzó un sueño. Sueño que a todos les gustaba, pero a ella le parecía poco. Sabía que era tan raro como ella, y que lo hacía bien sería una gran oportunidad. Pero ¿sería capaz de hacerlo bien?

Era tan mala escribiendo como expresando sus sentimientos. Necesitaba ruido y siempre sentirse viva además de alabada. La vida era una incógnita constante. La vida era una pesadilla que le propiciaba la felicidad diaria que nunca apreciaba.

En aquel patio de comidas donde alguna vez comenzó ese sueño, se sentó a ver el futuro y planearse uno. Nunca había amado algo o alguien como ese sueño meta que desde niña se había propuesto. Hoy allí, en esa silla cómoda, debía elegir entre ese sueño meta o su futuro inmediato. Debía elegir entre un hecho real o algo que podría llegar a resultar. El miedo y el golpe de darse cuenta que todo dependía de ella, hacía que su corazón y su estomago latieran a unisono.

Debía dejar lo poco que era mucho para su meta final. Estaba por emprender un camino tosco y lleno de “no sés”. Debía retornar al lugar d sus odios y amores ¿Quién le iba a decir que ese sitio la salvaría siempre de los aprietos? Ella podría mudarse todas las veces que quisiera , pero su corazón siempre estaría en un mismo espacio. Por eso siempre volvía.

Cuando se puede odiar y amar un mismo lugar y seguir viviendo sin saber que es feliz allí, es porque ese es el lugar en el mundo de uno. Es donde aunque las tristezas sean despiadadas no son duraderas, el mismo ambiente sana cada herida más rápido que el tiempo. A ese lugar ella no lo puede decepcionar más y él a ella. No puede mentirle porque es allí donde nada ni nadie la conoce mejor. Ella lo forjo a su medida y él a la suya.

Ella debe decidir con mucha precaución, puede que pierda su norte y no le encuentre por un largo tiempo. Pero sera ese lugar el que la haga recordar.

Ese sitio puede decir más de ella de lo puede contar sobre si misma. Podrá irse pero nunca dejara de ser esa ciudad.

 

 

La maldición Millennials

¿Qué pasa si no quiero una vida de estrés? ¿Qué pasa si valoro más mi salud que mi trabajo? ¿Qué pasa si se que trabajar es para vivir y no se vive para trabajar? ¿Qué pasa si no quiero la vida alterada de mis padres y no quiero subirme al tren de la ansiedad? ¿Qué pasa si sé cuales son mis derechos?

Un día descocí a mi amiga —con quien además vivo hace, aproximadamente, cinco años—cuando ella me hablaba sobre un tema que yo conocía, no lograba darme cuenta quien era. Estuve así durante aproximadamente 30 segundos, fueron eternos. Tuve que detener la conversación, pasar vergüenza, tomar valor y preguntarle quien era. Esa fue la primera vez que me perdí. Hubieron más veces, que entre bromas y chistes, sorteaba las lagunas mentales, así lograba que las personas entre risas me dijeran sus nombres. Viví así durante un año y medio. Mi memoria siempre fue buena, no de las mejores, pero buena. Se deterioró a una velocidad que nunca me dí cuenta de lo que me estaba pasando.

No soporte más no poder retener información por más de dos segundos, hacía mi mayor esfuerzo para poder concentrarme y seguir el hilo de las conversaciones. Era más fuerte que yo, todo era más fuerte que mi voluntad. Me sentía frustrada, me costaba respirar, tenía la histeria más elevada de lo que un ser humano puede soportar, el dormir era un infierno, las ganas de llorar, mi mente que iba más rápido que el motor de un Formula 1 (lo digo de verdad), las listas interminables de todo lo que debía hacer y que realizaba a medias por que mis nervios no me lo permitían. Me brote, me salieron manchas de estrés, tenía sueño todo el tiempo y sobre todo mi memoria fallaba. Llegue a dudar de mi propio cumpleaños, mi edad y hasta del nombre de mi mamá. Veía como mi vida pasaba frente mi y yo no era parte de ella. ¡No era parte de mi propia vida! Fue así que muy asustada, fui al medico y me derivaron a una Neuróloga. En la primera consulta, me detectaron y diagnosticaron dos cuadros: Trastorno de Ansiedad y Déficit de Atención, todo derivado por un exceso de trabajo y de “cosas” que hacía.

Había logrado ganarle a una depresión suicida, para que la exigencia —estúpida— de un, dos… varios trabajos mal pagos, sumado mis al ritmo agitado de las clases de la Facultad, habían hecho que me olvidara de que soy un ser humano y creyera que era una maquina superpoderosa. No miento, llegue a creer que era capaz de solucionar todo. Creía que tenía la obligación de responder por espacios y situación que no me correspondían, que todo era mi responsabilidad, aún si así no lo fuese. Estaba en lugares que no debía estar, haciendo tareas que no me correspondían, sentía que si no lo hacía yo, nadie iba a poder o directamente no lo iban a hacer. Así fue que me gane el trastorno de “moda” y más actual de nuestros días.

Necesitaba ser independiente, debía independizarme, debía ser adulta y responder a los cannones que se esperan que sea. El saber que todo lo que me diagnosticaron era por el estrés, que me estaba auto provocando una condición por la cual nadie se interesaba, por la que nadie valoraba mi esfuerzo, que nadie se interesaba como era que llegaba a cumplir los deadline imposibles y que por misterio de la vida, los hacia posible. Después de ver cuan caro me iba a salir ser parte de un sistema que corre a favor de anonimato y del desangramiento de los jóvenes, empujándolos a una lucha encarnizada y despareja contra el abuso de los “mayores”.

(Nos) llaman a los millennials la generación de los Ni-Ni (Ni trabajan. Ni estudian), de los que quieren ser sus propios jefes y no valorar el trabajo de dependencia, de los que no tenemos interés y valor por lo que nos rodea y nos han dado. Pero sobre todo nos dicen que somos unos grandes amantes de la manutención de nuestros padres. La verdad, no. Por querer independizarme como sea de mis padres, me enfermé; por querer responder a las demandas sociales, me enferme; por querer hacer una carrera, me enfermé. Yo no quiero la vida de esclavo de mis padres, yo no quiero la vida de abuso de mis padres, no estoy dispuesta a seguir repitiendo la historia del capitalismo. Si quiero trabajar, si quiero una carrera, pero también, quiero que me respeten como ser humano y como trabajadora. Se cuales son mis derechos, se cuales son mis deberes, se cuales son los trucos del “sistema”. Los millennials estamos dispuestos a trabajar, a que la rueda siga girando, pero sabemos lo que queremos, sabemos que no queremos ser explotados,  queremos ser respetados y que no abusen de nuestra juventud para no pagarnos y nos vendan que un Curriculum Vitae (C.V.) abultado es más importante a nuestra edad.

Por mi salud, por mi bien, por mi; prefiero caer en la maldición de los millennials, caer en la desgracia de volver a ser mantenida por mis padres, a dedicarme íntegramente a mis estudios, a racionalizar esas pequeñas mesadas que solo me alcanzan para comer y comprar los textos de la Facultad. Si a cambio de eso, le pierdo el miedo a mi celular cada vez que suena, le pierdo el miedo el miedo a abrir mi correo electrónico, dejo de mentir para poder tener un poco de tiempo para mi, puedo respirar en tranquilidad, reconozco las caras de mis seres queridos, puedo mantener una conversación sin  perderme en el tema, entonces seré otra joven maldita. Otra joven que no valora el esfuerzo de la sociedad, otra más que no quiere subirse al tren de ansiedad mundana.

¿A quién debo ser funcional? ¿A mi o a la empresa/ institución/ organización…? ¿Por qué soy una mala joven por pensar en mi bien?

Somos hijos de los luchadores de la libertad y de la igualdad. Nos enseñaron que valemos más que un salario. Coca-Cola, nos enseña a ser libres y pelear por lo que queremos. Son esas corporaciones que nos enseña a que la felicidad es lo principal, la que luego se queja de que los millennials somos complicados. Ya nos somos ingenuos como nuestros predecesores, sabemos, aprendimos de lo que nos enseñaron y lo hicimos bien. No nos teman, simplemente respetarnos, paguen por nuestros servicios, nosotros también debemos pagar cuentas y estamos deseosos de hacerlo, ya no queremos ser mantenidos por nuestros padres. Solo valoren nuestro esfuerzo y no abusen de nuestra juventud. No solo queremos un abultado C.V. queremos que esa experiencia nos sirva para comprar mi primer auto, mi primer celular (pagado por mi), mis cenas, regalos a mis amigos… ¿es erróneo que un millennial pida un trabajo remunerado para contribuir a nuestra sociedad?

Ves, estimada sociedad, que no somos tan malos como crees. Siempre es más fácil estigmatizarnos a darnos derechos. No somos rebeldes (no tanto) solo queremos reconocimiento; no somos vagos, sabemos lo que valemos.

La realidad es que a la sociedad, no le sirvo por tener una condición psicológica y tampoco le sirvo por ser rebelde, pero aún así se empeña en que sea productiva. No importa cuan dañado estés o útil puedas ser, lo importante es que puedas generar dinero, obvio que no es para vos.  Yo soy una millennial que quiere trabajar, pero sin dejar mi salud sobre el escritorio. La próxima vez lo podré en el contrato.

 

 

Réquiem para Mi

Debo recordarme día tras día de que él no esta aquí. Debo memorizar a cada hora que su existencia no es verdadera. Debo presionarme minuto tras minuto de que no debo olvidar, pero tampoco mentir. Segundo tras segundo, debo decirme que él se fue, para nunca más volver.

Por más que en cada esquina de este lugar lo vea o espere que aparezca, nunca va a volver a suceder, nunca más va a volver a aparecer. Mis mejores años se han ido con él. Ya no se a quien recurrir o si todo lo que sucede es verdad. La cordura es el precio que pague por la libertad. ¿Lo extraño? ¿Quizás? ¿Lo amo? No lo sé.

No tolero el saber que el error es mio, estoy harta de errar. Vos erras (-bas) y nada te importa (-ó). Cierro y cierro puertas, ventanas; me escondo en los lugares más oscuros de mi ser, que incluso ni la misma humanidad se atrevería a indagar, todo solo para recordarme de que nos vas a estar para salvarme.

Derramo tinta malgastandola en esos ríos en donde las letras como los salmones tratan de formar pareja para darle algún sentido a mis escritos. Pienso, por qué hay veces que lo hago, en lo que fui y en lo que aprendí, pienso en si eso me estará sirviendo en este momento o si en algún futuro cercano al mañana o lejano al después, todo esto me va a servir.  Pienso, solo pienso en que repetir mis pensamientos nunca me salvará de no olvidar que no estas más aquí.

Intente refugiarme en las viejas y oxidadas letras de canciones que alguna vez escribí. Mi pobre guitarra, espera al momento en que mis emociones y ansiedades se aburran de mí, para yo volver a ella. Dejo atrás cosas que nunca deberían ser abandonadas, pero me aferro a creer que estas acá, solo por que mi melancólico y estúpido corazón decide negarse a reconocer lo que ya se fue.

Le digo esto a mi yo de ahora, a mi yo introspectivo, a ese que se encuentra en una madurez absurdamente temprana pero carente de soberbia alguna para errar sin remordimiento. Si hubiera preferido que algo muriese, sería mi orgullo y no mi pobre y pequeña dignidad. Hubiera preferido que mi lucidez fuese más limpia y menos rencorosa. Pero, ante que todo, hubiera sacrificado toda mi ansiedad con tan solo perder la noción de la verdad que alguna vez tuve.

No suelo y no debo morder mi lengua cada vez que siento o pienso. Es como un vomito irracional. La inactividad aniquila los nervios de cualquier ser humano. Aún más los míos. Debo hacer fuerza para recordar que ya solo vivís en mi memoria. Debo hacer fuerza para recordar de que soy fuerte.

 

 

Gentes Culta

En el amanecer de una mente brillante, la inteligencia es lo que escasea.

Ahí van. Ahí están. Míralos. “Luchando”, si entre comillas por qué no merecen el apropiarse de esa bella palabra. Se creen superiores porque el universo les permitió el poseer un título universitario. Hablan en terminologías y se dan el tupé de generar neologismo que ni ellos entienden. Obvio, solo para marcar la diferencia, ellos son los que saben, ellos son los inteligentes. Se creen poderosos por que tienen el don de la manipulación verbal, pero son tan ingenuos que necesitan de un tutor para cruzar la calle. Pero ellos son los de la universidad.

Dicen escribir para el público en general y ser parte de las gentes. Esa plebe, la que ellos observan pero no se mezclan, son capaces de hablar por si solos y sin apoyo, ni sustento de la palabra de alguien más. Los eruditos de los estudios no pueden responder a una sola pregunta sin rubricar antes su respuesta, necesitan la justificación. Pero… ¡cuánta inteligencia!

Buscan erradicar la diferencia, pero, ellos son los primeros que crean barreras para que los simples parlantes de la lengua no puedan entender sobre cómo se los categoriza. Otra palabra espantosa que ellos emplean: categorización, grupo social, sector, como si las gentes fueran de diferente reino animal.

Cuando son ellos los que no saben, la ignorancia pasa por una situación de color en la que han adquirido un nuevo conocimiento, competencia, entre otras subjetividades relacionadas con la obtención de un posible objeto de estudio.

Pasaron años en el templo de la sabiduría, pero nunca aprendieron a expresarse en el lenguaje escrito sin gerundios. No pueden hilvanar dos sinónimos en un mismo párrafo. Hablan y hablan y hablan, pero siempre de lo mismo. Redundan y redundan. Todo para parecer inteligente.

El lenguaje encriptado no denota una vibrante lucidez mental. El lenguaje sencillo y sin vueltas es el que más expresa el alto nivel de intelectualidad, cosa que las gentes posee y ellos no.

Hemingway dijo adiós a las armas, nosotros a la ignorancia

Cuanta ironía encierra el mundo. Cuanta ironía tiene este país. Los obreros, los trabajadores, los proletariados, los industriosos o como quieran ellos llamarlos, son los que le pagaron los estudios a los que ahora los usan como objeto para clasificarlos dentro de un patrón social local o global. Gracioso, ¿no? Porque ellos se creen por encima de la media de la población y fue la media de la población los que los hizo “universitarios”, si, entre comillas.

Ellos destrozaron, toda razón de ser. Todo tiene que tener un por qué. Mataron la mística del universo y de la duda. Son los artífices del genocidio de la creatividad y de la pureza de la imaginación. Nada se salva de la toxicidad de las palabras que los ellos desperdigó por la saludable cultura general.  

Ellos colaboran a que las gentes se sientan inferior, para así ellos ser los superiores, ¡Já! Y dicen buscar la igualdad mediante la diplomacia que dan las horas cátedras.

Cuando la ignorancia deje de ser una justificación para la idiotez, la igualdad por fin se logrará.

La ignorancia no existe, los tontos que se creen sabios sí.

Aquí, hora y para siempre

Aún no lo creo. Han pasado los días y aún no se si es verdad o mentira. Nunca pensé que los sueños podían hacerse realidad. Nunca pensé que sería feliz con tanto poco y a la vez con “tan” mucho. Mi corazón rebalsa de amor al saber que siempre estarás ahí para ser parte de mi. Mi corazón sabe que por más que el mundo se caiga a pedazos, el universo se desintegre y la razón humana muera, siempre vas a estar ahí, ahí en donde los sueños se hacen realidad y nunca son traicionados.

Oigo tu voz y recuerdo esas noches de infierno que eran silenciadas por tus melodías dulces de la esperanza del mañana, que rezabas en mis oído en esos abrazos invisibles en donde calmabas mi ansiedad y ponías a dormir a mis demonios.

Muchos ponen en cuestión y juzgan mi ciego amor, pero solo mi alma sabe que en un rapto de locura mi cordura se perdió y en un rapto de locura ella volvió, gracias a vos. Fueron tus palabras de esperanza que me enseñaron que la vida es el elixir amargo que vale la pena experimentar. Me enseñaste que existen los colores y la alegría. Me enseñaste a soñar. Me enseñaste a que soñar no esta mal.

Aunque parezca loca y desalineada, mi madre ha llegado a dudar sobre mi sobriedad mental, mis amigos aún no entienden como esa parte de mi no ha madurado aún. Pero siendo sincera, déjame decirte que el amor es algo que nunca nadie sabrá entender y explicar. Y eso me da la seguridad, ese amor es mi tótem que me trae a la tierra cuando la tormenta me arrebata de mi lugar y me hace olvidar de donde vengo, hacia donde voy y quien soy. Muchas veces olvido quien soy, pero es solo recordarte, verte y escucharte lo que al instante me baja de esa nube de ego nihilista y soberbia. Me sacas del barro y me volves a poner en mi lugar. Secás mi lagrimas y dibujas en mi alma, corazón y boca una sonrisa que sana todas mis heridas invisibles, esas que son las más dolorosas y difíciles de cerrar.

Desde hace casi diez años que estoy viviendo de prestado. Improviso metas,sueños, planes, mi vida. Improviso todo lo que esta a mi al rededor. Pero ahora puedo, al menos, imaginar un futuro. Puedo, por ahora, hilar mi pasado y ver mi presente. Puedo, al menos, verme y reconocerme en el espejo. Ahora, se quien soy y no me importa lo que los otros digan, esta soy o aquí y ahora. Cuestionenme, pero mi amor es incondicional por que es mi corazón el que guía y por única vez le hice caso y no me equivoque.

Mi mente es voladora e irracional, mi corazón es coherente e inteligente por eso confío en él.

Que sea viral

Soy de las que critican pero aún así siguen consumiendo. Me avergüenzo de mi en este momento.

Miraba mi cuenta de Facebook cuando dí con esta despreciable nota de Vanity Fair España: “Aún no tenemos claro si estas celebridades son guapas o no“, mis ganas de gritar y de saltar del mundo fueron incontrolables. Pero no, contuve mi ira y mi ansiedad, sobre todo por que mis padres duermen y los vecinos del edificio llamarían a la policía.

Vanity Fair es una revista a la que respeto mucho sea cual sea sus versiones. Es un medio de gran importancia en mundo del periodismo. Pero no hay que dejar escapar y menos no debemos perdonar artículos como el que antes mencione. En 15 imágenes con un epígrafe de dos renglones catalogan a los famosos de feos en algunos de los casos, o en otros menos aún afortunados como el de Mia Wasikowska que la describen como:

Su aspecto de haber permanecido demasiado tiempo sumergida en agua le da un aire sobrenatural. Y tampoco es un halago” .

Ni hablar de lo que escriben de Adrien Brody:

“Un feo que parece guapo y que manda un mensaje de esperanza al mundo. Si con esa carita de mantis religiosa se puede conquistar a Elsa Pataky, hay esperanza para todos”.

No voy a defender a ninguno de los que se nombran en la “selección”, ellos son grandes y saben manejarse en su vida. Si voy a hablar por los anónimos. Por aquellos que no somos ni bellos, ni famosos y estamos alejados de todo glamour estrafalario del showbiz. Mi reflexión va a que vivimos en un momento en el que le estamos diciendo a nuestros niños, jóvenes y sobre todo a la sociedad de que valemos por lo que somos capaces de dar que por lo que nuestra apariencia a penas logra decir sobre nosotros, medios de tirada internacional, de llegada masiva como es en este caso Vanity Fair España , echan por la borda las campañas contra el bullying, grooming, vaciando totalmente el sentido de los discursos de auto-superación que estás más presentes que nunca en nuestros días.

A lo que voy es, estamos tratando de sortear las barreras de la superficialidad para valorar más al ser humano que a la “Barbie” y medios como este publican artículos que clasifican y sobre todo, se cuestionan como es que estos famosos son lo que son si son feos. Quisiera saber, si el que realizo esa publicación es el mismo Narciso que no puede verse al espejo ya que teme morir, o quizás ya lo hizo y por eso hace este tipo de cosas. Cosas estúpidas.

Un medio que legitima este tipo de clasificaciones y “cosificaciones” esta altamente dispuesto a seguir sosteniendo los cannones a los que solo algunos pueden llegar. Claro, solo los que ellos quieren que llegue. El decir que un hombre por ser feo y que logro “conquistar” a una mujer bonita da esperanza para el resto, es casi tan insultante como decir que los feos y los gordos no merecen reconocimiento. Por supuesto que esta la lectura de que la mujer bonita estuvo con ese hombre feo solo por que es famoso, porque si no nunca lo hubiera mirado. Ahí encasillamos además de la fealdad, la mujer bonita que solo esta con ganadores, que aún si eres escaso de atractivo físico pero eres “ganador” tenes oportunidad de ser aceptado por alguna comunidad que te acepte…

De Vince Vaunghn dice:

“Rihanna lo ha calificado como El Hombre Vivo Más Sexy y ha sido novio de Jennifer Aniston. Pero nosotros sólo vemos unas facciones microscópicas flotando en una cabeza tan grande como el Hindenburg”.

A mi no me importa lo que vean Vanity Fair España, a mi me interesa que ese tipo por el cual pago una entrada para ir al cine sea un buen artista. Lo que veas no nos importa, por que como en todo, no hay seres humanos perfectos como no hay revistas perfectas. Reirse de los famosos no da esperanza al resto, da el permiso de insultar a otro y de rebajarlo, total si en Vanity Fair España se ríen de los famosos por que no me voy a reír del “pelagatos” que esta al lado mio, siendo yo también una “pelagatos”. Pero esas son la hipocresías de la vida.

Por supuesto que los famosos tiene ese halo de perfección y de que todo lo pueden, que cuando un medio dice este tipo de cosas lo “humaniza”, por que es igual de imperfecto que el resto de los simples ciudadanos de a pie. Pero este tipo de cosas genera el efecto contrario, genera la reacción que mencione en el párrafo de arriba. Se le esta faltando el respeto a una persona. Los seres humanos somos animales de “si lo hace el, por qué yo no” e indirectamente se genera una violencia provocada por una nota que se suponía que era simpática ¿Simpática para quién?

No digan que están acostumbrados a que escriban este tipo de cosas sobre ellos, si no, pregúntenle a aquellos niños, si están acostumbrados al bullying. Mientras que los medios sigan escribiendo y publicando este tipo de cosas, y la sociedad siga aceptándolas, no nos quejemos, somo victimas de nuestra propia violencia.

¿Voy a seguir leyendo a Vanity Fair España? Si, porque respeto a la revista y cada vez que haga artículos como ese, yo haré uno este.

Rebeca I

Cuando Rebeca se dio cuenta de su soledad era relativamente temprano. Era la misma soledad que experimentaba García Márquez en sus historias.

Rebeca era una joven de carácter alegre, formal y carismática. Podía con una sola sonrisa lograr lo que mucho en años de trabajo. Era la envida de todos los que la rodeaban, pero hasta incapaces de envidiarla eran ya que con su mirada era perdonada de todos los males. No podían más que admirarla.

Emanaba una fuerza que su presencia era capaz de hacer encender los focos de luz quemados. Rebeca era todo lo que estaba bien y todo lo que estaba mal. Aún así con todas las licencias sociales ganadas, ella se sentaba cada noche a imaginar su muerte.

A pesar de su pasado depresivo, la felicidad que ella era capaz de experimentar cada vez que abría los ojos al comenzar cada día era indescriptible e incomprensible. Como todo depresivo.

Cuando Rebeca se dio cuenta que su grupo de amigas solo se veían y reunían cada vez que ella estaba en el pueblo, se dio cuenta de que era el nudo de una familia de padres separados, que solo se juntaban en ocasiones especiales o en su cumpleaños.

La soledad de Rebeca es abarcativa para todos aquellos que se fueron y volvieron, creyendo que el tiempo solo corre para los que se van y para los que se quedan se estancan en un pasado congelado por los recuerdos felices y sentimientos celosos. Como si el presente solo le perteneciera a las grandes ciudades.

Rebeca soñó más de una vez con su suicidio, pero nunca lo llevo a cabo. Realmente, ¿Rebeca soñó alguna vez?